
Nuestros políticos, elegidos libremente por aquellos que ejercen el derecho al voto, se convierten por ello en representantes de la voluntad popular de la mayoría, lo cual no deja de ser un concepto ideal, pues la realidad es terca y viene demostrando legislatura tras legislatura que en este país existe una brecha de dimensiones megalíticas entre la voluntad popular, que ciertamente sería difícil de sintetizar y la voluntad de los políticos.
La brecha se puede apreciar tanto en los buenos como en los malos momentos económicos, sólo hemos de estar atentos a los movimientos de nuestros alcaldes, diputados, senadores, etc... que poco tienen que ver con las necesidades de los ciudadanos. Mejor ilustrarlo con algunos ejemplos.
Acaso los ciudadanos les hemos pedido que financien a las fuerzas sindicales y todo tipo de asociaciones, con el sólo objetivo de mantenerlos y mantenerlas bien sujetas y con la boca cerrada.
O es que responde a nuestras demandas que los señores parlamentarios por su penosa labor sólo precisen cotizar 7 años para tener derecho a una pensión, al tipo máximo, mientras los que con sus votos lo situaron en el cargo han de cotizar 35 años para muchas veces cobrar una miserable pensión de no más de 800 €.
Quizás responde a nuestros deseos el hecho de que los políticos dediquen buena parte de su tiempo a promulgar normas y adoptar acuerdos que sólo los benefician a ellos y a sus clanes.
Será a lo mejor por todo esto que normalmente todos los partidos políticos, sea cual sea su color o ideario, se ponen de acuerdo sin ningún problema para fijar subidas en sus salarios e indemnizaciones; que gracia han de ser indemnizados porque su labor les supone no pocos viajes, saraos y otras penalidades que el común de los ciudadanos no podemos ni imaginar.
También es lógico que tengan derecho a indemnizaciones una vez cesan en su cargo, pues hemos de comprender que durante el ejercicio del mismo su total dedicación a solucionar nuestros problemas, les impide mejorar su curriculum, hacer contactos para su posterior carrera profesional, en resumen sacrifican sus vidas y sus carreras por servir a sus paisanos.
Podría escribir cientos de ejemplos más para ilustrar mi afirmación, pero queda como ejercicio que todo aquel que lea este post y lo desee, tome como deber incluir un comentario con algún otro ejemplo práctico, prometo recopilarlos todos y darles la difusión que merecen.
Habrá muchos políticos que tendrán la indecencia de dar replica a lo aquí escrito, aunque con eso ya contaba, no espero nada de un colectivo acostumbrado a usarnos como excusa, como chivos expiatorios, no somos otra cosa que el abono que mantiene fértil el huerto en el que cultivan ambición, demagogia, nepotismo, la endogamia y otras hierbas, todas ellas de amargo sabor para el pueblo español.








